El martes 30 de septiembre mi esposo me
avisó que se sentía muy mal, con dolor de cabeza y en los hombros.
Al llegar a casa (luego de recoger a la niña mayor del colegio y la
menor de casa de mi mamá, donde quedó convalesciente) lo encontré
tiritando en la cama y poco después su temperatura se elevó a 40°C.
Se le hincharon las plantas de los pies y le dolía la espalda y las
muñecas. La fiebre duró poco más de 24 horas. Por suerte teníamos
una caja de acetaminofén para adultos, suficiente para aliviar los
síntomas sin angustias.
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