domingo, 5 de octubre de 2014

Lo que se nos venía

En la calle donde vivimos, en Caracas, hay un botadero de basura de barrio, de estos donde la gente echa la basura como puede, generalmente en la mañana, saliendo al trabajo, de un certero golpe de brazo, que haga caer su bolsa sobre la gran montaña. Con cuidado de no mancharse el paltó o el uniforme de la oficina o de no torcerse el tacón o enterrarlo en cualquier hueco de la destartalada calle. Ha habido contenedores que eventualmente han sido quemados o han desaparecido furtivamente. Últimamente una caseta de ladrillo construida a fin de colocar la basura dentro, sobrevive a ser llevada o quemada, por razones obvias, pero está semidestruida, con un contenedor abollado adentro. Los desperdicios no caben, se desbordan y montones de basura rodean la caseta, cada vez que llega el camión y se acomoda en retroceso en una maniobra que hace merecer largamente su licencia de 5° grado al conductor.

El edificio donde vivimos está a 30 metros del botadero, aunque dispone de su basura sin usarlo (se saca la basura cuando pasa el camión). Tiene un lindo jardín, donde se estanca el agua cada vez que llueve. El sótano, mal drenado, se convierte en laguna con cada tormenta.

Con este panorama, no es difícil imaginar que en nuestro apartamento del piso 2, sobran los mosquitos. Si uno se sienta a escribir en la sala o en la computadora de inmediato pequeñas agujitas le recuerdan que Aedes aegypti siente la imperiosa necesidad de alimentarse de sangre para poder poner sus huevos. De vez en cuando nuestras hijas amanecen con los tobillos llenos de ronchas de las picaduras del amanecer.

Lo mismo ha ocurrido los 12 años que llevamos aquí, por lo que podría decir que hemos tenido suerte de no contraer nunca el dengue. También es cierto que hasta hace poco teníamos acceso a herramientas simples para evitar el mosquito: conseguíamos el repelente en forma de plaquitas sin problemas. De más está decir que las normas básicas para evitar el mosquito se cumplen en casa: no se acumula agua en ninguna parte sin tapar, pero ¿cómo controlar lo que ocurre de la ventana hacia afuera?.

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